José Juan Pérez, inmigrante español que trabaja en Hyde Park


José Juan Pérez, de 39 años se ha convertido en un español en Inglaterra desde el pasado verano para acumular una experiencia más en su vida. Ciudadano del mundo procedente de Zaragoza que trabaja como boat assistant en Hyde Park. A continuación nos cuenta su experiencia en Londres con mensaje incluído al final del relato.

Españoles en Inglaterra: José Juan en Hyde Park
José Juan en Hyde Park y su bici de 60 libras

Londres es muy duro, y su asfalto más


Un año en paro da para pensar mucho. Piensas que si en este tiempo solo has tenido una entrevista de trabajo, las esperanzas de encontrar un empleo se reducen a la mínima expresión. Piensas que eres afortunado por comer cada día y tener un techo, de  momento, porque la familia te echa una mano, pero que la suerte no es eterna. Que si rebasas cierto límite en tu caída, será casi imposible volver a flote. Y finalmente piensas que la única alternativa es salir del país y jugar tus cartas.

Yo al menos tenía una buena carta y lo sabía: me defendía con el inglés. Ningún certificado de nivel, ni escuela de idiomas ni academia. Miles de kilómetros recorridos de mochilero, haciendo amigos de los cinco continentes. Esa fue mi academia de inglés.

Un día alguien aquí en Londres me dijo respecto a esto: ¡Joder, que suerte! Me sentó bastante mal. Nada que ver con la suerte. Para conseguir eso tuve que trabajar duro muchos años, a veces meses seguidos sin un día de fiesta, para luego poder viajar. Para mí no solo era por diversión, era también porque pensaba que consistía en otro modo de aprender (idiomas, culturas, formas de vivir  y pensar…) Para mucha gente estaba mal empleando mi tiempo y mi dinero.

Inglés, vuelo low cost, país comunitario, para trabajar sin necesidad de visado. Londres era el lugar. 22 euros para un billete de ida Zaragoza- Londres, y 300 euros para tratar de aguantar cuanto más mejor. Si leemos los foros y también lo sé por testimonio directo, necesitas entre 2000 y 3000 euros para pasar tu primer mes en Londres; alquilar una habitación, moverte mucho en metro pues estarás en plena búsqueda de empleo, comer, móvil etc…

Mi plan era algo innovador. Reservé una semana de estancia en un albergue en Isle of Dogs, bastante lejos del centro. Diez libras la noche desayuno incluido. Y caminé, y caminé, y caminé… y las ampollas del segundo día tardaron  casi mes y medio en curar.

7 de abril, 23:00 h. Salto del bus que me trae desde el aeropuerto, en Liverpool Street.  Oriento mi Google Maps, quiero decir el folio impreso en España previamente, pues no tengo Internet en mi móvil. Y en diez minutos me encuentro cruzando el Tower Bridge, iluminado en tonos azules. Era como estar dentro de una postal turística.  Siempre recordaré esa noche. La mayoría de la gente que he conocido en Londres no ha cruzado nunca este puente.

Español en Inglaterra trabajando en Hyde Park
José Juan en su trabajo como Boat Assistant
La primera semana pasó conociendo la ciudad, la oficina de empleo, enviando docenas de currículum vitae, pateando toda clase de empresas. Busqué en Google todas las empresas que alquilaban barcas y canoas pues tenía experiencia en este trabajo. Encontré unas diez, y mande mi CV a todas. Pronto me llamaron para mi primera entrevista, de Hyde Park. Tres días a prueba y como todo salió bien, contratado todo el verano. Gracias a ello cobré mi primer sueldo justo al día siguiente de acabar con el dinero que había traído.  Fue el 22 de abril.

Buscar una habitación no fue tan fácil. Con mi sueldo no podía permitirme una renta mayor de 500 libras al mes, así que mis intentos durante tres semanas por encontrar algo decente y no demasiado lejos de Hyde Park solo dieron con lugares y personas inclasificables. Como ejemplo, vi una habitación de 2x2 metros sin ventana, o una cita para ver otra en la que estábamos citadas 6 personas a la misma hora y la chica de la inmobiliaria, que resultó ser española, llevaba ya los contratos en la carpeta. Finalmente, acepté una en casa de uno de mis jefes, que no está mal solo que a una hora y cuarto del trabajo, metro incluido.

En el trabajo el ambiente siempre ha sido muy bueno con jefes, compañeros y clientes. Me dieron a elegir si quería hacer horas extras y por la necesidad acepté. Esta es la parte mala del trabajo, con muchas jornadas de diez horas y algunas de once y doce, que sumadas a las dos horas y media en desplazamientos aniquilan tu tiempo libre, y tus fuerzas. Pero esa buena disposición también tiene su recompensa y la empresa me ha hecho un par de cursos de formación y me deja trabajar con bastante autonomía. 

El billete sencillo de metro cuesta 3,80 libras en hora punta. Aún consiguiendo el descuento de un abono es toda una fortuna al cabo del mes. Decidí comprar una bicicleta para ir a trabajar, como hacen miles de personas en esta ciudad. Conseguí una por 60 libras que funcionaba bien pero cada poco tiempo necesita algún ajuste o cambio de piezas, que hago yo mismo.

El trayecto en bici me lleva el mismo tiempo o a veces menos si es fin de semana. Al principio debía ir con el mapa en el bolsillo y consultarlo 3 ó 4 veces pues el trayecto es de unos 20 km. y laberíntico. Y también tardé en ponerme en forma. Ahora es muy fácil pero está llegando el invierno y alguna mañana salgo de casa aún con la helada. Estamos de acuerdo que el clima aquí es un asco, pero combatirlo suele ser cuestión de dinero. Una buena ropa deportiva funciona  de maravilla. Yo me quejo más por lo que tardo en poner y quitar capas de forro polar y goretex.

Un día bajaba Piccadilly hacia Hyde Park Corner a toda pastilla. A lo lejos el semáforo cambió a rojo y comencé a frenar.  Repentinamente vi el manillar de mi bici desplazarse violentamente hacia mi derecha, y nada más.

Mi siguiente recuerdo es dentro de una ambulancia y una auxiliar sanitaria explicándome que vamos camino del hospital porque he sufrido un accidente. Estoy a punto de preguntarle ¿pero estás segura de eso? Entonces veo mis manos, mi camiseta y mi casco manchados de sangre. Al caer me golpeé la cabeza y sufría amnesia. Le pregunté a la chica cómo había sido pero me dijo que no hubo testigos cuando ellos llegaron.

Nunca recuperé la memoria respecto a ese intervalo de tiempo ni averigüé lo ocurrido. Las heridas por todo el cuerpo se curaron tras varias semanas. Sin duda alguna el asfalto de Londres es lo más duro que he vivido aquí. En las últimas dos semanas 6 personas han fallecido en Londres mientras circulaban en bicicleta, 13 en lo que va de año.


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