El fin del mundo de Bob: trastorno obsesivo compulsivo

Cuando te dispones a compartir tu hogar ya sea en Londres o en otras ciudades de Inglaterra puede ser fácil encontrarse con personas que sufren el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Por eso aconsejo a aquellos que estéis en búsqueda de un hogar que vayais con amigos, familiares o por lo menos con conocidos o de culturas similares. A continuación mi experiencia...

Puerta de mi primer hogar
Número de la puerta de mi primer hogar en Londres
Cómo ya saben los seguidores de este blog, llegué a Reino Unido hace poco más de dos años. Nada más llegar a Londres un amigo me acogió por las primeras semanas de mi estancia en la ciudad y todo transucurrió bien hasta que tuve que buscar mi propia habitación, digo habitación porque rara es la ocasión de encontrar una vivienda para uno sólo y no toca más remedio que compartir piso.

Mi primer hogar no era un piso patera lleno de todas las nacionalidades habidas y por haber como si se tratara de la barca de Noé, pero casi. Eramos 5 viviendo en un adosado de dos plantas donde africanos, ingleses y yo (español) convivíamos en un número 59 del distrito de Ealing, al oeste de Londres en zona 3. Todo era muy verde, parques alrededor, un metro que iba por encima de la superficie terrestre, zona tranquila y llena de familias inglesas. No pagaba tan caro como se podría pagar en la zona 2 por aquel entonces pero hay que tener cuidado con los compañeros de piso porque pueden llegar a ser muy extraños. 

Tras 6 meses viviendo en aquel lugar decidí cambiar de trabajo y hogar y lo decidí en la peor época del 2012, en pleno verano de los últimos Juegos Olímpicos de Londres. Gracias al amigo del que hablé al comienzo de mi aventura londinense, encontré una habitación libre en su piso, en una puerta número 21 del distrito de Lambeth cerca de Elephant and Casttle.

Tras pasar una temporada de medio año en el primer piso de acogida me puse las pilas para encontrar uno más barato y cercano a mi lugar de trabajo. Por suerte, un conocido de España me puso en contacto con el casero de un piso en el este de Londres, zona 2 también. Entonces comenzaba un nuevo mundo para mi, una casa a compartir con el casero, habitación individual pero muy limpio y moderno, con su cocina, baño, salón con televisión de plasma y un gran sofá en un piso de dos habitaciones, de construcción casi nueva, suficiente para 2 personas.

Muy conteto y feliz con mi nuevo hogar, cama nueva, armario a estrenar, escritorio impecable, parecía que La Cenicienta acababa de pasar por allí recientemente, todo reluciente. Poco a poco me fuí dando cuenta de que el casero, Bob, era algo así como la bruja malvada. Le dije que ya que compartía piso habría que hacer un calendario para el turno de limpieza de zonas comunes y me dijo que no hacía falta que él ya limpiaba el piso y que sólo nos turnaríamos el baño y a mi me pareció extraño pero no tardé en decirle "de acuerdo". Bob comenzó a ser la bruja malvada del orden y la limpieza, tenía la casa perfecta como si de un piso piloto fuera, todo estratégicamente colocado y ni un ácaro merodeándo por la casa, botes de lejía bien presentes en la cocina y en el baño. No sé cómo lo hacía pero cada vez que iba al baño olía muy fuerte a lejía.
La puerta de mi segundo hogar
El número de mi segundo hogar
Llegó tal punto que comenzó a enviarme SMS a mi número de teléfono de GiffGaff para todo, un día porque me había dejado un interruptor abierto (sin gastar luz), otro día porque me había dejado unas miguitas de pan en el tostador como si fuera un elefante en medio de la cocina y ya cara a cara me dijo un día que qué era eso que había en el suelo ¡¿Que qué era?! era una pelusa de algodón del jersey ¡que apenas se veía! ¿Creéis que es normal?

Una de las cosas que más me llamó la atención fue cuando estando yo en el trabajo me envió un SMS pidiéndome porfavor que cuando utilice el salón pusiera los cojines hacía el respaldo del sofá ¿perdona? los cojines estaban como antes sólo que en vez de estar empinados ¡estaban un poquito hacia abajo! y volvió a pasar una segunda vez con el pretexto de que no estaban bien colocados. Desconocía que unos cojines pudieran desencadenar el fin del mundo de Bob.

Hoy en día hay que intentar conocer de antemano a las personas con las que vas a convivir y compartir zonas comunes de un nuevo hogar. Es difícil  pero siempre hay páginas webs como Spareroom donde te dan alternativas para que conozcas a compañeros de piso y así evitar grandes mayores. Cuando empecé a vivir con Bob me di cuenta de todo esto y es que apenas hacemos vida de compañeros de piso, se va a la cama a las 7 de la tarde cuando yo llego del trabajo y se va las 6.30 de la mañana al gimnasio para después hacer su horario de oficina. Menos mal que me dijo que además de buscar compañero de piso buscaba un amigo. Lo dicho, ir con mil ojos cuando vayáis a buscar piso para compartir. Londres es una ciudad de muchos cambios en poco tiempo y en donde no todo lo que reluce es oro.

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