El camino de la solidaridad de un expatriado

Emprendí mi camino, sí, mi camino hacia mi libertad tanto económica como de valores. Fue hace 3 años cuando decidí marcharme de España después de muchos otros españoles de mi generación y buscarme la vida en el Reino Unido. Por suerte llevaba conmigo los conocimientos de la licenciatura que estudié en la universidad y cientos de horas de estudio de una lengua que no terminaba de gustarme: el inglés.

Post solidario fundación mutua
El camino de la solidaridad de un expatriado en Londres


Sabía que pertenecía a una nueva generación de inmigrantes, diferente a la que nos tenían acostumbrados los libros de historia de España en la escuela y que gracias a la evolución de nuestra sociedad me tocó emigrar en mejores condiciones que nuestros abuelos en Francia o Suiza por poner un ejemplo. Aún recuerdo cuando fui a facturar mi maleta de 21 kilos, el azafato me preguntó si iba a buscarme la vida a otro país, tras comentarle mi situación me perdonó el pago de un kilo extra del equipaje, pensé que tuve suerte pero en realidad fue un acto solidario más que un acto de picardía. 



Una vez llegado a Edimburgo, mi amigo escocés me recogió en el aeropuerto para así iniciar mi aventura como expatriado. Entre Derek y yo sólo nos habíamos comunicado por escrito mediante las redes sociales y en inglés pero ni yo sabía que en Escocia tenían otra manera de pronunciar el idioma ni él sabía que mi nivel hablado era peor que el escrito. Aun así, fue muy paciente conmigo así como su compañero de piso australiano, ambos muy amables y hospitalarios. Yo les cocinaba tortillas de patatas y ellos me ayudaban a escribir cartas de presentación, a buscar ofertas de trabajo en cualquier sector y a mejorar mi inglés conversando con ellos, fue todo un acto de ayuda y compañerismo ya que ellos habían pasado por situaciones parecidas a la mía. Siempre me ha llamado la atención la empatía hacia a las personas, ponerte en su papel como si estuvieras viviendo su vida y sus problemas, quizás es una de las virtudes que me ha hecho aprender de ellas y de sus circunstancias. 

En mi primera semana en la ciudad escocesa llegué a echar cerca de 80 curriculums por Internet y en mano; fue en ese proceso cuando entré a un restaurante al lado de una iglesia preguntando por trabajo cuando la mujer me dijo que la gente que trabaja ahí no tenía ningún tipo de remuneración y claro mi cara era de sorprendido, resultó ser un restaurante cafetería que dependía de la Iglesia y por lo tanto los trabajadores eran voluntarios, dije que sí aunque no me pagaran podía estar en contacto con gente local y quien sabe, podría encontrar un trabajo asalariado. A pesar de haber estado solo unas semanas de voluntariado pude conocer gente que realmente se tomaba aquel trabajo de cocina como un profesional más y gracias a la chef pude conocer lugares donde buscaban personal aunque no tuve suerte. 

Después de ese primer mes en Edimburgo, aprendiendo a ser inmigrante y no encontrar trabajo alguno ,a pesar de la ayuda de mis “padrinos”, tuve que volver a desplazarme al sur del país, en esta ocasión a una ciudad bañada por el Támesis, Londres, y fue en esta ciudad donde me instalé definitivamente hasta hoy en día. Durante estos 3 años he vivido experiencias realmente enriquecedoras de otros paisanos llegados aquí por motivos varios y siempre y en cada una de las relaciones he podido ver que nos apoyamos más que si estuvieramos en nuestro propio país, es como si se creara una conexión de fraternidad para crecer desde casi cero hasta poder cumplir tus sueños u objetivos. Lo mismo ocurría con compañeros de trabajo venidos de todas las partes de Europa, especialmente del sur del viejo continente. Lo que te faltaba hoy a ti, te lo daba al día siguiente tu compañero de trabajo o amigos temporales (en Londres la gente va y viene), y no hablo sólo de lo material si no de lo efímero como contactos para poder buscar un lugar para vivir, un trabajo, recomendaciones para ahorrar en tu día a día y sobre todo apoyo moral en situaciones de desesperación. Es así como nació la idea de abrir un cuaderno de bitácoras en el mundo de Internet, un blog en el que contar las experiencias de otros inmigrantes españoles en Inglaterra y donde escribir sobre mis experiencias pasadas en esta isla europea para ayudar y apoyar a otros en las mismas circunstancias. 

Con mis experiencias vividas como expatriado he aprendido que la solidaridad no entiende de edad, ni de sexo o religión, la solidaridad es sabia y reparte sonrisas por igual, ofrece algo de bienestar a los que más lo necesitan. Por eso hay que abrir puertas ofreciendo lo que uno tiene sin necesidad de que sea material y sin esperar lo mismo a cambio. La solidaridad no cuesta nada y le puedes dar mucho uso, tanto que seguro que hay alguien a tu lado que requiere un poco de ayuda. Pienso que, como dijo Juan Donoso Cortés: “Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos”. 

Gracias a este blog titulado Isla Imaginación puedo compartir este artículo que forma parte del Concurso de Posts Solidarios dentro los II Premios al Voluntariado Universitario para conseguir 2000 euros y poder donarlos a una causa solidaria, en especial a la ayuda de niños. 

Concurso de posts solidarios
Concurso de la Fundación Mutua Madrileña